¿Por qué María?

Es un misterio para muchos, para otros es una atracción especial y para algunos más es algo inentendible, pero la realidad es que María, la Madre de Dios tiene un lugar muy especial en los corazones de los hombres, no solo aquellos que la veneramos con toda devoción, hay muchos no creyentes que siguen a la Virgen Santísima.

¿Quién es la Virgen María? Aunque sepamos esta respuesta perfectamente, la Madre de Dios, es alguien muy especial en los corazones de los hombres. Aunque algunas otras religiones la conozcan y le tengan cariño, solo la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa la veneran en su real dimensión. Además ser mediadora de la Gracia, es un símbolo del amor, un puente hacia Dios y una madre llena de amor, que no abandona a ninguno de sus hijos. Su misterio trasciende la Fe y se adentra en la humanidad que ve en esta figura femenina un refugio, un consuelo en los momentos más complicados de la vida del hombre. Al encontrar a María, el hombre se refleja en el amor de una creatura que nos enseña el camino idóneo para tener una cercanía directa con el Padre m practicando virtudes como la humildad, la pureza, la sencillez, que tanto nos liberan de nosotros mismos.

En este camino de cercanía al hombre, María no deja de luchar por la causa de su hijo, Nuestro Señor Jesucristo y lo hace de forma desinteresada sin discriminar a nadie, aunque tenga una lejanía muy grande de la Gracia. ¡Quién acude a la Virgen María! encuentra un motivo para regresar al Plan de Dios para su alma, porque la ternura maternal de Nuestra Madre derrumba todos los castillos de soberbia que tanto nos ciegan en nuestras vidas. Basta entrar a una Iglesia, encontrar una estampilla de Ella, o hacernos de un Rosario para que nuestra alma, reciba una sacudida de amor muy grande y la Luz del Amor, llene completamente nuestro corazón. Luego el trayecto se hace dulce y sencillo, el hombre sacudido por el peso de su pecado encuentra un remanso de paz interior impulsado por la mirada de amor de María, y de ahí en adelante todo va hacia arriba.

El rezo del Rosario y la frecuencia de los Sacramentos hacen el milagro de la transformación de un alma pecadora a un alma anhelante de paz interior y cercanía a su Creador. Nuestra Madre hace su parte, el alma ha retomado el camino. Y este proceso no es exclusivo de quienes la vemos como lo que es, también quienes no conocen a Dios, o no lo conocen de otra manera, ven en Ella un misterio muy grande y una mirada que llama.

María, no suelta a un alma, una vez que la toma bajo su protección, no la dejará sola y en la hora de su muerte, estará a su lado y la acompañará en su camino al cielo. Ella es la fiel amiga, la madre que nos protege y defiende frente al maligno, basta acudir a ella con fervor y ser fieles hijos suyos y no fallara.

Acudamos a María, con devoción, y aprendamos como amar a Dios, con humildad, con sencillez, con pureza y ternura. Nunca nos fallará.

@petavila

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.