Salvador Flores Llamas Salvador Flores Llamas

La política, un show

Este año los mexicanos elegiremos 500 diputados federales, 6 gobernadores y 122 cargos políticos más, entre diputados y alcaldes y delegados y asambleístas en el DF. Por eso los partidos políticos ya afilan las uñas para entrar de lleno a la guerra comicial.
 
Si los partidos están hechos bolas con sus sistemas para elegir o nombrar candidatos, los aspirantes andan a la greña por las candidaturas, en una lucha sin cuartel, cual si en ello les fuera la vida; pero sí el disfrutar un hueso por buen tiempo, con sueldazos, dietas, viajes, aguinaldos, influencias, impunidad y desfachatez.

Hoy los partidos dicen que emplearán métodos democráticos para tal designación, y llegará el momento en que los candidatos se suelten haciendo las promesas de siempre, que nunca cumplen y de las que los votantes ya estamos hasta la coronilla  

Lo menos que presumirán es honestidad, y bien puede aplicárseles el dicho de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Las convicciones, doctrina y militancia partidistas ya son obsoletas, están de moda los tránsfugas de un partido a otro y hay suspirantes que se pasan de oportunistas y aduladores de los jefes para lograr ser candidatos o también quienes militan en sectas, bandas y pandillas partidistas, que se echan en brazos de lideres venales y les cumplen todos sus caprichos, con tal de alcanzar su objetivo.

Y el pueblo, los electores, los mexicanos por los que -se supone- deberían trabajar; ¡bien, gracias!

Vendrán torrentes de verborrea en las campañas sin recato alguno, pues la política se ha convertido en un show en el que quien tiene más saliva come más pinole; el que promete con más descaro o fustiga con más mentiras y calumnias al contrario, es quien se siente más seguro de llegar.

El amor a la Patria, la ética, el pudor para no desbarrar y la decencia son virtudes ya desconocidas para muchos de nuestros salvadores. Se trata de ganar a como dé lugar para hacer mas poderoso al partido y a sus líderes y proyectarlos a la batalla de las batallas sexenales, la elección presidencial.

Carrera para la que ya están vistos algunos gallos, que para publicitarse gastan dinero a raudales, aunque haya 40 millones de compatriotas en la inopia, aunque descuiden sus tareas básicas y hagan hasta el ridículo con tal de proyectarse.

A diario vemos en los diarios y la TV a gobernadores que no desaprovechan nada para hacer declaraciones, figurar en inauguraciones, organizar actos populistas -claro a costa del erario, no de sus bolsillos. No rehuyen ni el papelazo de aparecer haciendo galletitas o en programas de chismes y telenovelas, con tal de agradar al respetable.

Creen que entre más populistas sean es mejor para ellos, aunque la inseguridad pública esté insoportable y no se aclaren delitos sonados, para los que inventan “chivos expiatorios”; o aunque le echen la culpa de todo al gobierno federal. Lo que les importa en su imagen y proyección, no la solución de los problemas, por más ingentes y urgentes que sean.

Que hablen de mí, aun sin bases y por más que defraude a quienes me eligieron; es su convicción.

Hay políticos mercachifles que se jactan de parecer redentores de los desvalidos, los lleven a marchas, plantones y mítines con que fastidian a la población. Se la pasan criticando para hacerse notorios y sugiriendo remedios a las carencias, aunque sean imposibles o descabellados; el chiste es hablar y hacer bulla.

Pero si hasta el subcomandante Marcos reapareció, pese a estar liquidado; quiere entregarse en brazos de un suspirante presidencial y no perder el jugoso negocio que le donó Salinas de Gortari -mediante Camacho Solís- en 1994 para prolongar su mandato sin reelegirse, sino alegando una emergencia nacional.

Sólo que a sus cuates (jefes?) gringos no les gustó ese teatrito.

Nadie en sus cabales duda que México merece mejor suerte y, claro, otro tipo de políticos, pero el show debe continuar…

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