Esta es mi raza

El 12 de octubre, al tiempo de recordar el hecho histórico del arribo de Cristóbal Colón a tierras del continente americano, festejamos el Día de la Raza, que al confrontarla con nuestra realidad, vemos que en nuestro país antropológicamente no existe una sola raza, es pluriétnica, y esto es algo que nos caracteriza como una nación mestiza en su mayoría, donde los grupos raciales puros son ahora una minoría, al igual que sucede en todos los países de América Latina.

Es el encuentro de dos razas, la indígena, representada por todos los pueblos entonces asentados en el territorio del continente americano, con ciertos rasgos comunes que los hacían formar un gran grupo por su piel morena, y la blanca, los europeos que desde ese día empezaron a arribar a esta tierra bautizada por ellos como el “nuevo mundo”.

Hasta aquel entonces, ambos grupos raciales ignoraban la existencia del otro, por eso era aceptable la percepción europea del nuevo mundo, ya que ellos solamente tenían conocimiento de la raza blanca, la suya, la amarilla de los asiáticos con quienes estaban acostumbrados a comerciar, y los negros procedentes de África. Esta es la razón por la cual para ellos fue una novedad el encuentro de los blancos con los morenos.

Hace casi 90 años a nivel mundial estaban de moda los nacionalismos. Uno de los aspectos que los europeos más explotaban era el de la supremacía de su raza, sin embargo José Vasconcelos, en “La Raza Cósmica”, frente a la realidad del mestizaje mexicano precisó:

“La civilización conquistada por los blancos, organizada por nuestra época, ha puesto las bases materiales y morales para la unión de todos los hombres en una quinta raza universal, fruto de las anteriores y superación de todo el pasado.”

Casi un siglo ha transcurrido desde que hizo esta afirmación; en nuestro país la polémica entre indigenistas e hispanistas prácticamente ha cesado, solo quedan débiles ecos, al parecer la conciencia colectiva ya ha asimilado la realidad del mestizaje, con todo lo que conlleva, no solamente la mezcla de la sangre, sino también de los otros elementos que conforman la nación, como son la lengua, la cultura y la religión. En este sentido podemos decir que se ha creado una quinta raza, la mestiza, con lo que se ha crecido también en el desarrollo cultural de los pueblos.

En este siglo XXI, la tendencia está representada en la reducción del mundo debido a las facilidades que implican los medios de comunicación y transportes, es tan fácil hablar con quienes están en el otro extremo del globo terráqueo utilizando la Internet. Ya no necesitamos esperar dos o tres meses para atravesar el Atlántico. En cuestión de horas podemos estar en cualquier parte del mundo.

Esto ha llevado a la virtual desaparición de las fronteras, a prácticamente eliminar la producción de bienes totalmente nacionales por contener piezas procedentes de otros países, y lo mismo sucede con los aspectos raciales y culturales, vemos la mezcla de las influencias de América, Asia, África, Oceanía y Europa, todo en una constante transformación, porque, como lo expresó Vasconcelos, “en la Historia no hay retornos, porque toda ella es transformación y novedad. Ninguna raza vuelve; cada una plantea su misión, la cumple y se va.”

Ahora, en todo el planeta, la raza mestiza está creciendo cada vez más, es la raza global, que ha surgido por los efectos del desarrollo económico, de la transformación de la tecnología, por eso apenas está gestando la nueva cultura, la nueva filosofía con una cosmovisión muy distinta a la de hace unas décadas. Tiene sus convulsiones sociales, como los dolores del parto, su misión está fincada en la esperanza de lograr beneficios para toda la humanidad de manera inclusiva.

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