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Me siento feliz, pero algo me falta

La buena vida, esa en la que nada parece faltar para “vivir bien”, todas las cosas materiales que se quiere tener, una buena posición social, reconocimiento profesional (o político), una familia, en fin, ya sin nada importante que desear, que se sienta faltar. Hay amor, salud, física y financiera, y todo marcha bien, así que, entonces se es feliz. ¿Será?

Pero la persona que “lo tiene todo”, esa que se siente feliz, siente, sin embargo, que algo le falta, y no sabe qué es. Es feliz, piensa, pero como que no es feliz, como que algo falta.

¿Qué es lo que falta? Algo que no se ve claro si no se tiene conciencia de ello: paz interior. Creo que es un sutil asunto de lenguaje. La felicidad incluye el estar en paz consigo mismo, y eso depende de estar en paz con Dios. Pienso que quienes se sienten felices (pero sin “eso” que les falta), están, digamos, contentos, satisfechos, respecto a los buenos momentos y bienes temporales de los que gozan.

Pero quien desea realmente ser feliz, no sólo en cuando al bienestar material, social, sino internamente cuando no se está divirtiendo, o gozando del confort necesario, necesita forzosamente la paz interior. Y para tener esa paz, se logra mediante el servicio a los demás, el amar a Dios en las personas que nos rodean. La paz interior, es la que nos lleva a dormir tranquilos, no solamente satisfechos de un buen día, sino sintiendo que se ha servido al Señor.

La buena vida, de confort, salud y hasta amor humano, hace pensar a muchos que no necesitan a ese “Dios” que pregonan los que sirven a ese personaje “imaginario”. Que esos creyentes agregan a su vida un imaginario divino realmente innecesario, que se dice ser el creador y que nos da todo, y tan lo consideran innecesario que ¡nada les falta! Y, sin embargo, les sigue faltando algo para ser felices del todo, que no pueden definir porque no lo entienden, y no lo hacen porque están lejos de Dios, y se niegan a verlo.

Así que, para pasar de una buena vida, con amor, con salud, con seguridad económica, con diversiones y buenos ratos con los amigos, a ser realmente felices, sin sentir que, a pesar de toda la buena vida, algo falta, se logra con el servicio al Señor. Una vez alcanzado esto, se pasará de estar contentos, o satisfechos, a ser realmente felices, sin problema de confusión de conceptos. La felicidad es llegar a tener la paz que Él nos da, antes de eso, “algo faltará”.

Jesús nos da su paz, esa que ofreció a sus discípulos, esa que nos pide que ofrezcamos cuando lleguemos a una casa, que la demos a los demás, esa que dijo no es la que se conoce en la vida diaria, sino la paz del espíritu. Es la parte que puede faltar para ser felices cuando estamos satisfechos a secas. Seamos felices pues, estemos en paz con nosotros mismos, gozando de la paz que Jesús da a quienes le sirven.

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