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El valor de la vida

«En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre bien y mal (…). En definitiva —dice Jesús— hay que decidirse» (Benedicto XVI).

Toda vida es una maravilla pues muestra unas capacidades impresionantes. Conviene detenernos en algunos aspectos porque podremos valorarlas, si nos hemos acostumbrado a ver sus beneficios. Los vegetales, entre otras cualidades influyen en la limpieza del ambiente y, a los terrenos los protegen de la erosión. Los animales propician el equilibrio de las especies y, los domesticables resultan una grata compañía para los humanos.

Y, para todos los niveles de vidas está la reproducción que hace posible la permanencia de las especies aunque cada individuo tenga una temporalidad.

Pero la vida humana es un verdadero prodigio, porque tiene la capacidad moral, como lo señala Benedicto XVI, y ante su decisión libre puede estar en lo más alto o en el más profundo abismo. Este es el tema, porque hombres y mujeres son artífices de su futuro, pero también, influyen en el futuro de los otros y del mundo.

La historia nos muestra que hay vidas ejemplares y otras que se hacen daño y lo hacen a los demás.

Desgraciadamente cuando el mal se generaliza las personas quedan tan confundidas que llegan a tergiversar la realidad, entonces son capaces de asegurar con vehemencia que lo malo es bueno. Sin embargo, lo más íntimo de la conciencia no se pervierte y lógicamente esa “voz” no calla y la persona sufre un malestar asfixiante. Muchas veces esa tensión interior es causa de reacciones agresivas como una necesidad de desahogo. Es posible que buena parte de la violencia que sufrimos se deba a esto.

Las peores confusiones son los atentados contra la vida asegurando que se hace bien. Este es el caso del aborto, de la eutanasia, del suicidio, del homicidio. Pero también se atenta contra la vida cuando hay faltas de respeto como es la trata de personas o la violencia física o psicológica.

Por eso las abortistas califican como noticias falsas a los argumentos de los grupos pro vida. Y se ha tergiversado tanto el idioma que llaman “salud reproductiva” al aborto.

El Instituto Charlotte Lozier, en 2014, analizó las leyes de aborto en 198 países y en regiones independientes con población de un millón de personas. El resultado fue: 59 países legalizaron el aborto sin restricciones, 139 lo admiten si la madre argumenta pobreza o llevar a término sus estudios.

De los países que han legalizado el aborto, solo siete permiten el aborto tardío, después de 20 semanas. Son Estados Unidos, Canadá, China, Holanda, Corea del Norte, Singapur y Vietnam.

La agenda de la cultura de la muerte, en numerosos gobiernos occidentales, también promueve el acceso al aborto y a los medicamentos anticonceptivos para las niñas sin el consentimiento de los padres. A todo este proceso lo califican de “enfoque basado en los derechos” a la “salud sexual y reproductiva“.

También se ha generalizado la idea de que cuando las personas están deterioradas, por alguna enfermedad o por achaques de la ancianidad, ya no tiene una “vida digna”, y entonces se propugna la eutanasia. Desgraciadamente también aquí se trastocan los valores porque el resultado es que la persona muere indignamente por haberse quitado la vida.

La trata de personas es el resultado de comerciar con la vida ajena. Es un atentado contra los Derechos humanos pues a algunas personas se les equipara a como mercancía.

Y, todos estos atentados contra la vida humana los provocan los mismos seres humanos. Por eso, es urgente ayudarnos a entrar en razón.

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Fuentes: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. del 13 y del 16-X-2017

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