Opus Dei: 90 años volviendo extraordinario lo ordinario

Opus Dei, una propuesta ¿innovadora?

Hoy, 2 de octubre, se celebran 90 años de la fundación del Opus Dei. Desde 1928, el Opus Dei, fundado por San Josemaría Escrivá, ha ayudado a los fieles cristianos a contribuir en la misión evangelizadora de la Iglesia, buscando la santidad en el trabajo ordinario.

Parece que la propuesta del Opus Dei es radical e innovadora: la santidad, algo que suele asociarse exclusivamente con místicos, ascetas y mártires no solamente está al alcance de todo cristiano sino que está al alcance en la ‘vida ordinaria’, en las ‘cosas pequeñas’ y una vida coherente.

Sin embargo, no hay en las enseñanzas San Josemaría nada que no haya predicado la Iglesia con anterioridad. La santidad es un llamado para todo cristiano. Cabe entonces preguntarnos ¿Qué es ser cristiano?

¿Qué es ser cristiano?

Responder esta pregunta a la ligera puede resultar reduccionista y podría acercarnos a cualquiera de dos extremos igual de peligrosos: por un lado, quedarnos con las formas externas de la práctica religiosa  (como aquellos fariseos que Jesús denuncia con tanta fuerza) o bien, reducir el cristianismo a un mero ‘sentimiento’, una ‘filosofía de vida’.

Encuentro en la Introducción al Cristianismo de Joseph Ratzinger, una respuesta que escapa a esta complicación y de manera concisa y clara explica en qué consiste ser cristiano:

“Ser cristiano supone dejar de girar en torno a uno mismo, alrededor del propio yo, y unirse a la existencia de Jesucristo (…) seguir la cruz supone, más bien, que el hombre deja atrás la reclusión y la tranquilidad de su yo, crucificar el propio yo para salir de sí mismo, para seguir las huellas del Crucificado”

Siguiendo la guía que nos propone el Cardenal Ratzinger me atrevo a afirmar sin miedo a reduccionismos que la vida del cristiano debe ser la del seguimiento pleno de Cristo.

Por la información que recogen los evangelios sabemos que Jesús dedicó los últimos tres años de su vida a la predicación pública y obrar milagros, en lo que conocemos como “Vida Pública”. Sabemos muy poco de su infancia y nada sobre qué pasó entre los 12 y los 30, en un periodo que conocemos como “Vida Oculta”.

Seguimiento de Jesús en lo ordinario

En este sentido hay algo que San Josemaría entendió perfectamente y que solemos olvidar: que Jesús sea completamente Dios y completamente hombre implica que vivió a plenitud su vida, como cualquier hombre de su época lo hubiera hecho. ¿Qué hizo Jesús los 30 años antes de empezar su vida Pública? Nada particularmente extraordinario. Podemos asumir que Jesús vivió una vida común y corriente antes de empezar su vida pública, la sorpresa de quienes exclaman “¿No es éste el carpintero, el hijo de José?” confirma que nadie en su comunidad había notado en Jesús algo extraordinario.

Podríamos imaginarnos a un joven Jesús, obedeciendo a su madre y ayudando en los labores del hogar, aprendiendo el oficio de José y ayudando en el taller, asistiendo a la sinagoga y aprendiendo enseñanzas de los rabinos sobre las escrituras. Imaginemos a Jesús poco antes de iniciar su vida pública: un hombre responsable y trabajador que se ha hecho cargo del taller de José y provee para su familia. Un hombre piadoso y temeroso de Dios. ¡El hijo de Dios! ¿Trabajando en un taller? Pues sí.

Seguir a Jesús, por lo tanto implica sí, tomar nuestra cruz y seguirlo, pero también imitarlo en todos los aspectos de su vida, incluyendo los más ordinarios. Muchas veces nos preguntamos qué quiere Dios que nosotros y en la espera de una señal divina, olvidamos nuestras tareas cotidianas.

"¿Quieres de verdad ser santo? – Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces" (Camino 815)

¿Qué quiere Dios que hagamos? Lo que nos corresponde en este momento según nuestra condición y circunstancias personales. A los estudiantes, Dios les pide que dediquen tiempo de calidad y hagan con amor sus deberes de la escuela. A los profesionistas, les pide que pongan empeño en cada trabajo que hacen, por más pequeño que sea. Y ahí, en lo cotidiano, al ofrecer nuestro trabajo diario, nos vamos santificando.

Llamada universal a la santidad

"La conversión es cosa de un instante. -La santificación es obra de toda la vida" (Camino, 285)

Citando al Papa Benedicto XVI: “El concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia, habla con claridad de la llamada universal a la santidad, afirmando que nadie está excluido de ella: «En los diversos géneros de vida y ocupación, todos cultivan la misma santidad. En efecto, todos, por la acción del Espíritu de Dios, siguen a Cristo pobre, humilde y con la cruz a cuestas para merecer tener parte en su gloria»”

En una época en la que parecía que la santidad parece ser una cosa rarísima, reservada para unos cuantos elegidos, San Josemaría nos recuerda algo que el Concilio Vaticano retomó con fuerza: la llamada universal a la santidad: Dios nos creó por amor y por amor nos salvó, quiere que todos seamos santos. Todos tenemos vocación a la santidad, desde nuestra situación particular, el llamado es el mismo para todos: sacerdotes, religiosos, consagrados, laicos. Todos.

El Opus Dei, a través de sus diversos medios de formación y las enseñanzas de su fundador, ha permitido a miles de cristianos realizar los deberes propios de su estado y condición,  y su misión en la Iglesia, llevando además, a través de diversos apostolados el evangelio a más personas.

@raulomar

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