Las “ocurrencias” del padre Sosa

Antes de hablar de las “ocurrencias” (así, entre comillas) para luego rebatirlas, preciso será que presentemos formalmente al Padre Sosa ante nuestros amigos lectores.

El Padre Arturo Sosa Abascal, S.J. es venezolano nacido un 12 de noviembre de 1948. Se tituló en Filosofía en la Universidad Católica Andrés Bello. Ingresó a la Compañía de Jesús y cuando, en 1992, Hugo Chávez intentó un golpe de estado, el Padre Sosa fue uno de sus más acérrimos defensores.

Aunque con el tiempo se distanció de Chávez, el caso es que siempre militó dentro de las corrientes progresistas de la Iglesia.

Su carrera culminó el 14 de octubre de 2016 cuando, durante su 36 Congregación, los jesuitas lo eligieron Prepósito General de la Compañía de Jesús.

Este venezolano que el próximo noviembre cumplirá 70 años es ni más ni menos que el superior de todos los jesuitas que se hayan esparcidos a lo largo de nuestro ancho mundo.

Esa es la razón por la cual todo lo que diga, haga o escriba tienen una importancia muy especial puesto que no se trata de un simple cura de “misa y olla” a cargo de alguna parroquia perdida en lo más abrupto de la serranía.

Del Padre Sosa nos han llamado la atención dos afirmaciones que no dudamos en calificar de “ocurrencias”:

*Poner en duda lo que dicen los Evangelios al afirmar que las palabras de Jesús no serían como dicen que han dicho porque nadie estaba allí con una grabadora para registrarlas.

*Afirmar que “el diablo es pura invención o sea una figura simbólica” lo cual dijo al periodista José Benítez Montañés durante una entrevista concedida al diario español EL MUNDO.

Una vez expuestas las “ocurrencias” procedamos a rebatirlas.

Fue el Padre Jorge Loring, S.J. autor del libro PARA SALVARTE que lleva más de millón y medio de ejemplares publicados quien, por medio de su conferencia “La historicidad de los Evangelios” rebate la primera “ocurrencia” del Padre Sosa.

Dicho autor empieza diciendo que el manuscrito más antiguo que se conserva de los Evangelios -en este caso el de San Juan- se conserva en Manchester y es 35 años posterior a la fecha en que San Juan lo escribió.

Los cuatro Evangelios fueron escritos por testigos de aquel acontecimiento histórico que fue la vida pública de Jesús; por lo tanto, los cristianos que en aquellos años los leían veían retratado lo que ellos habían visto y oído.

“Si aquellos Evangelios no dijeran la verdad”, nos dice el Padre Loring, “hubieran sido rechazados como una mentira. Nadie hubiera querido conservar un libro de historia que desfiguraba la verdad. Los hubieran rechazado y no hay ni un solo documento que atestigüe el rechazo” (30 CONFERENCIAS. Página 92).

Por esta razón, si alguien no cree en los Evangelios no tiene derecho a creer en nada de la historia de aquel tiempo puesto que los manuscritos más antiguos de las obras de Cicerón, Horacio, Virgilio y Ovidio, cuando mucho, se remontan al siglo VIII.

Esto dice Jorge Loring, S.J. sacerdote, científico y miembro ilustre de la Compañía de Jesús.

Rebatamos ahora la “ocurrencia” con la cual el Padre Sosa niega la existencia del demonio.

Empezaremos citando al beato Pablo VI quien el 29 de junio de 1972 afirmó que “el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios frustrando los frutos del Concilio”

Cinco meses después, en noviembre, el mismo Papa decía: “El mal no es ya sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad, misteriosa y pavorosa.

“El demonio es el enemigo número uno, el tentador por excelencia. Sabemos así que este ser oscuro y turbador existe realmente, y que actúa todavía con traicionera astucia; es el enemigo oculto que siembra errores y desventuras en la historia humana”

Para mayor abundamiento, diremos que son numerosas las menciones que el Concilio Vaticano II hace acerca de la existencia del demonio. Citaremos tan solo tres:

  • “Así como Cristo fue enviado por el Padre, El a su vez envió a los Apóstoles, llenos del Espíritu Santo. No sólo los envío a predicar el Evangelio a toda criatura y a anunciar que el hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte…” (CONSTITUCION SACROSANCTUM CONCILIUM. Número 6)
  • “Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por inspiración del demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios” (CONSTITUCION PASTORAL SOBRE LA IGLESIA EN EL MUNDO ACTUAL. Número 13)
  • “Dios, para establecer la paz o comunión con El y la historia humana de modo nuevo y definitivo, enviando a su Hijo en carne nuestra, a fin de arrancar por El a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás…” (DECRETO AD GENTES. Número 3)

Por supuesto que fueron numerosas las ocasiones en que San Juan Pablo II habló de la existencia y acción perversa del príncipe de las tinieblas.

Y no digamos el actual Sumo Pontífice, el Papa Francisco (jesuita como el Padre Sosa) quien con mucha frecuencia habla de las tentaciones que nos presenta el demonio.

Suponemos que el Padre Sosa habrá leído (aunque sea por encimita) los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Si alguna vez los leyó, debió de haberse topado con la Meditación sobre las Dos Banderas en la cual el fundador de la Compañía de Jesús habla del combate que el demonio y sus secuaces han entablado en contra de la Iglesia y de sus fieles.

Ante todo lo anterior…¿Cómo se explica que el Padre Sosa haya tenido la “ocurrencia” de negar tanto lo que Cristo dijo como la existencia misma del demonio?

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, OCURRENCIA es todo dicho agudo o gracioso que se dice circunstancialmente buscando ser original.

¿Pretendió el Padre Sosa hacerse el simpático? Es probable porque, ciertamente, original no lo es puesto que, a lo largo de la historia, ya otros que han dicho lo mismo han sido rebatidos quedando en el peor de los ridículos.
Por eso fue que la palabra “ocurrencia” la pusimos entre comillas.

Al Padre Sosa deseamos darle un buen consejo: Que lea las obras de ese gran jesuita que fue el Padre Loring, que lea los Documentos del Vaticano II y -de manera muy especial- que lea los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, el santo fundador de la orden que le ha tocado dirigir.

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