La turbia y perniciosa iniciativa

El reciente nombramiento de la senadora por el Partido de la Revolución Democrática por el Estado de San Luis Potosí, trajo consigo la propuesta de someter a consideración una iniciativa con proyecto de decreto que modifica el Artículo 1º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos cuyo propósito en resumen es elevar a rango constitucional la cultura de la muerte por medio de la legalización del aborto y la muerte digna o eutanasia.

El primer y más importante “motivo” de la propuesta es un derecho que no existe como tal en ningún documento oficial ni en México ni en ningún otro país, textualmente, el “derecho al libre desarrollo de la personalidad”.

Se aduce que este “derecho” es una de las manifestaciones de la “dignidad humana”, refiriéndose a la “elección” que hacen las personas en su desarrollo vital, de acuerdo con el Artículo 1º de la Constitución a partir del cual se “desprenden todos los demás derechos, en cuanto son necesarios para que los individuos desarrollen íntegramente su personalidad.”

Veamos entonces el meollo de estas afirmaciones.

En primer lugar, el primer “motivo” que refiere la iniciativa sobre la “dignidad humana” omite una palabra importante que merece ser considerada, ya que la expresión verdadera es –dignidad de la persona humana--. Entendida superficialmente en la iniciativa propuesta, se refiere a la supuesta exigencia de un bienestar para vivir con decoro o “escoger” el “desarrollo” propio.

Si partimos de la etimología de la palabra “dignidad” (dignitates), ésta no es algo muy valioso en sí, sino que está más allá del valor, por tanto, sólo es digna la persona, y sólo es persona el ser humano, por tanto, persona, hombre/mujer y dignidad son vocablos sinónimos o en buena parte coincidentes, nos aclara el filósofo Carlos. Llano.

De esta manera entonces, encontramos aquí la gran contradicción del primer “motivo” para la iniciativa propuesta del cambio constitucional de “despenalizar el aborto” ya que ¿cómo puede siquiera mencionar la “dignidad humana” como primer “motivo” a favor de: suprimir la vida humana de un ser humano en gestación.

Aquí lo que se está construyendo es un modelo teórico, una ideología que trata de implantar una realidad imaginaria que impide ver la realidad-real. Intenta en su “motivo” suprimir una vida para que, al hacerlo, esto sirva para el “desarrollo” de su propia “personalidad”.

Es precisamente la cultura contemporánea la que ha venido rebajando esta dignidad al exigir que las relaciones entre nosotros no sean relaciones entre personas. De esta manera, el “motivo” cree poseer la utilidad de legalizar la muerte de un ser humano, para que quien lo lleva en su vientre pueda “desarrollarse”.

Cita textual de la Senadora Leonor Noyola: “Es importante señalar que para este grupo parlamentario del Partido de la Revolución Democrática el derecho que tienen las mujeres a decidir sobre su cuerpo no es un tema únicamente normativo, sino que constituye un principio fundamental para el desarrollo de las personas en nuestra sociedad.”

Se trata así de un intercambio útil para unas y muerte para otros que aun no tienen voz, de tal manera que se pierde el carácter absoluto y propio que corresponde a la dignidad personal, para entrar en el juego de la intercambiabilidad. Por tanto, un ser humano en el vientre materno puede ser intercambiado y muerto para el “desarrollo de la personalidad” de ella, lo cual no rige en una relación personal pues las personas no son intercambiables.

El filósofo Carlos Llano dice lo siguiente: “Dios quiere que el hombre/mujer sea fin: que no se degrade con nada, que mantenga la dignidad que Él mismo –Dios—le otorgó, y de que él mismo –el ser humano—es responsable como de un don recibido.”

Por tanto, el aborto equivale a un acto dictatorial frente a la naturaleza del ser humano porque el Estado se atreve a permitir que se contradigan en nombre de la sociedad, a esas leyes naturales reguladoras del ser humano que están por encima de las “iniciativas” políticas, de cualquier senador(a) que lo proponga y de la sociedad misma.

El esfuerzo que se pretende estar haciendo se mueve sólo en los límites propios de quien concibe al Estado como el primer titular de la vida. En el socialismo democrático no se ha eliminado el fantasma de la sociedad totalitaria. El sentido ético de la vida civil se atiene solamente a los dictados de la mayoría como técnica para suministrar un contenido a los valores de la convivencia. En este caso en particular se omite el sentido ético de la vida social, existe entonces una indeterminación moral de las relaciones sociales que por tanto se determinan sólo por un sistema de técnicas políticas.

En investigaciones recientes sobre embriología comparada, la profesora Zernicka-Goetz de Cambridge declara que cada parte del embrión dará lugar a una parte determinada del cuerpo definitivo. Esto confiere al embrión una personalidad biológica muy superior de la que se sospechaba hace tan solo unos años.

La profesora Giglila Sica de la Universidad Sacro Cuore de Milán declara a su vez que ya desde el principio existe un diálogo molecular entre embrión y madre y cómo el proceso de migración a través de la trompa –que se consideraba una simple navegación—conlleva una serie de mensajes que llegan a convertirse en una verdadera sinfonía en el momento de la anidación.

La Dra. Anna Giuli bióloga molecular y profesora de Bioética U. Católica Sagrado Corazón en Roma que ha publicado un volumen titulado “Inicio de la Vida Humana Individual” declara que la entrada del espermatozoide en el ovocito provoca una serie de acontecimientos, estimables desde el punto de vista bioquímico, molecular y morfológico, que inducen a la activación de una nueva célula, -el embrión unicelular- y estimulan la primera cascada de señales del desarrollo embrionario. Entre las muchas actividades de esta nueva célula, las más importantes son la organización y la activación del nuevo genoma, que ocurre gracias a la actividad coordinada de los elementos moleculares de origen materno y paterno (fase pronuclear). El nuevo genoma está, por tanto, ya activo en el estadio pronuclear asumiendo de inmediato el control del desarrollo embrionario.

Los nuevos datos sobre el protagonismo del embrión, pone en crisis el eslogan feminista radical de “mi cuerpo es mío”, pues se demuestra que el embrión modifica la fisiología de la mujer, hasta el punto de convertirse en una especie de director de orquesta que nueve meses más tarde llegará incluso a determinar el momento del parto.

El embrión humano precoz es un individuo en acto con la identidad propia de la especie humana a la que pertenece, consecuentemente deben ser reconocidos sus derechos de individuo humano y su vida debe ser plenamente respetada y protegida.

La crisis filosófica originada desde el nominalismo y más en concreto, desde Descartes, ha puesto en entredicho la visión clásica del hombre como un ser unitario y espiritual y ha llevado al desarrollo de otras teorías. Algunos llegan a un extraño dualismo al ver algo específicamente humano solamente donde se producen actos típicos de un adulto, por lo que niegan la condición plenamente humana de quienes viven en la fase prenatal (como también la niegan a los niños recién nacidos, a ciertos enfermos mentales o a personas en estado vegetativo). De allí también que en la “iniciativa” se proponga terminar con la vida humana (o “muerte digna”) de un ser humano, en lugar de los cuidados médicos necesarios para el bien morir.

Los progresos de la biología contemporánea y una correcta reflexión filosófica, bioética y jurídica sobre el embrión en sus primeras fases de desarrollo podrían abrir el horizonte a un paso semejante en profundidad y en progreso humano al que se dio cuando, tras siglos de mentiras –como las que se aducen en este caso--, fue abolida la esclavitud. Ha de llegarse al reconocimiento de que todo embrión, en cuando ser humano, no puede ser discriminado, ni destruido, ni obstaculizado en su desarrollo en función del respeto intrínseco a la vida.

Lord David Alton, Miembro de la Cámara de los Lores en Gran Bretaña en un discurso pronunciado el 22 de octubre de 2017 por el 50º aniversario del Acta de Aborto que lo legalizó en Inglaterra, Escocia y Gales, dijo en resumen lo siguiente:

“En nuestro país, defensores pro-vida recuerdan a los 8.8 millones de vidas que se han perdido debido al Acta de Aborto, pero esta cifra palidece comparada con Estados Unidos en donde en un tiempo más corto 60 millones de abortos han terminado la vida de hermosos niños y han causado daños físicos, emocionales, psicológicos y espirituales a sus madres…

“..Con valentía, con integridad, con una pasión por los mejores principios de nuestra civilización y nuestros esfuerzos, dediquémonos a asegurarnos que para cuando llegue la conmemoración centenaria del Acta de Aborto, nuestra sociedad sea aquella en la que la igualdad humana y la dignidad sea tan respetada y protegida, que la violencia del aborto sea enviada adonde cada abuso humano y crueldad finalmente pertenecen: al cubo de basura dentro de nuestra historia…….Estamos aquí para mostrar que no nos vamos a ir, que no vamos a permanecer callados mientras que exista injusticia y no vamos a parar de trabajar, y educar, y de hacer campaña, y de luchar, hasta que vivamos en una sociedad en la que la humanidad, la dignidad y los derechos de cada miembro de nuestra nación sean todos juntos reconocidos.”

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