Reflexión post-electoral: ¿qué toca ahora?

En las actuales circunstancias políticas del país, tras estas elecciones muchos católicos nos preguntan: ¿Y ahora qué nos toca hacer?

La respuesta es simple. Ante todo, evitar la dicotomía entre la fe y la vida, o sea, seguir cultivando el “hombre/mujer integral” que no disocie la fidelidad a la Iglesia y su ciudadanía del mundo.

En este sentido y como Iglesia, en la medida de nuestras posibilidades y utilizando siempre medios conformes con el Evangelio y de acuerdo con su misión pastoral, tiene que:

  • defender los derechos humanos de todos los ciudadanos;
  • promover integralmente el desarrollo de la persona humana;
  • ser conciencia crítica de la sociedad y de los propios partidos políticos;
  • trabajar la conciencia cristiana de los creyentes sobre la política;
  • trabajar por la causa de la paz y de la justicia;
  • relativizar las ideologías.

Vivimos en una sociedad secular, pluralista y conflictiva. En su ordenamiento hemos conseguido en los últimos años avances importantes. Sobre todo, el reconocimiento de las libertades públicas y de los derechos humanos en un Estado de Derecho.

Pero también vemos algunos aspectos preocupantes:

Toda acción política responde a una visión del hombre y de la sociedad y trata de configurarlos según sus propias ideas. Y cuando un grupo político consigue un poder hegemónico, es casi inevitable la tentación de implantarse definitivamente y remodelar el conjunto de la sociedad y hasta las mentes de los ciudadanos según sus propios modelos de vida y sus criterios éticos.

Este riesgo es más grave cuando el nivel de experiencia y formación política es deficiente, como ocurre entre nosotros. Si las asociaciones son débiles y escasas, incapaces de hacer valer las convicciones o los legítimos intereses de la población en una concurrencia libre y pacífica con los demás grupos sociales, los partidos se convierten en protagonistas casi exclusivos de la vida social.

La excesiva presencia de la Administración pública en los centros de decisión de la vida económica, social y cultural, y en los medios de comunicación social, puesta al servicio de su proyecto político y cultural, recorta gravemente la libertad real de los ciudadanos y de la sociedad. Surge así́ un control y dirigismo político que, a pesar de utilizar los procedimientos de un ordenamiento democrático, se desliza hacia un funcionamiento totalitario y estatificado de la vida social.

La indebida politización de la vida pública, poco conforme con los principios de igualdad y de libertad, se hace inevitable. En consecuencia, surge un problema crucial: El dirigismo cultural y moral de la vida social a través de los medios de comunicación de naturaleza publica, la discriminación de las personas por razones ideológicas y la actividad legislativa contraria a valores fundamentales de la existencia humana, tropiezan necesariamente con las exigencias de una sociedad libre y democrática.

Frente a esto y en la medida en que la actividad política trate de imponer una determinada concepción de la vida y de los valores morales no podremos dejar de oponernos a tales proyectos en defensa de la libertad social.

Ante tales situaciones no debemos caer en la tentación de la nostalgia ni del revanchismo. El verdadero camino consiste en buscar con serenidad cuál debe ser nuestra respuesta como cristianos para que las generaciones futuras puedan seguir confiando y creyendo. Para que encuentren esa referencia segura y verdadera que la salve de la incertidumbre y de la degeneración.

Nos queda por ver cómo tiene que ser esta presencia de los católicos en la sociedad para que responda a las exigencias de la fe y se desarrolle en conformidad con las características democráticas de la sociedad contemporánea.

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El P. Ángel Luis Lorente es el capellan de SIGNIS México

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