Volver al futuro

En la serie de películas tituladas Volver al futuro, el protagonista viajaba en el tiempo y en no pocas ocasiones estuvo en el pasado, en medio de peligros, pero pudo volver al futuro. Parece que a México le puede ocurrir lo mismo con el proceso electoral que acabamos de vivir. Nadie duda que la elección de Andrés Manuel López Obrador, a menos que demuestre lo contrario, es una vuelta al pasado.

La sorprendente y contundente victoria de Morena en la pasada elección tiene, desde mi punto de vista, una explicación en 1928, en el origen del Sistema Político ideado por Plutarco Elías Calles y perfeccionado –para los intereses de un grupo político—por Lázaro Cárdenas. El Partido Nacional Revolucionario surge de un llamado a “la familia revolucionara” para superar sus divisiones y luchas facciosas que ponían en peligro su predominio político, particularmente frente a la oposición cristera, que siendo minoría no podía ser derrotada. Fue ésta la primera “coalición” política, pues respondieron al llamado distintas facciones, partidos regionales y caciques con control local. La unidad se logró para repartirse pacíficamente el pastel posrevolucionario.

El ex presidente Calles logró un periodo de Maximato con presidentes peleles hasta que se topó con Lázaro Cárdenas, quien le salió respondón. Si el primero tuvo cierta admiración por el fascismo, el segundo fue claramente partidario del socialismo. Entre ambos propiciaron el desarrollo del Nacionalismo Revolucionario a la mexicana que aseguró la hegemonía política con base territorial inicial y corporativismo posterior, durante prácticamente más de 70 años. Llámesele partido hegemónico, aunque prácticamente único, no dejó de tener rebeliones internas por parte de algunos aspirantes a la presidencia que no resultaron favorecidos por el dedazo.

Ni los rebeldes internos ni la oposición externa logró mayor relevancia hasta que los errores iniciados a partir de Luis Echeverría incrementaron por un lado el protagonismo social en oposición al sistema, y la inconformidad interna llevó a la ruptura encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas. Como resultado de ello el PAN adquirió una nueva fuerza política, que lo llevaría a encabezar la alternancia.

El PRD fue la segunda gran coalición de los revolucionarios inconformes con la nueva línea del PRI y la hegemonía de los tecnócratas. Además de integrar a los priistas de izquierda, el PRD legró aglutinar a grupos de la izquierda que habían intentado formar partidos, pero tan minoritarios que se habían extinguido rápidamente, fue así como surgieron las “tribus” internas.

Pero al igual que el PRI, las pugnas e inconformidades en el PRD se incrementaron con el dominio de “los Chuchos”. Primero se apartó Cuauhtémoc Cárdenas, “el líder moral” y luego lo haría Andrés Manuel López Obrador, para fundar Morena después de dos intentos por obtener la Presidencia de la República, con el propósito de iniciar la campaña anticipada que lo llevaría, finalmente, al triunfo.

Estos antecedentes son necesarios para entender el triunfo de Morena el 1 de julio como la recomposición del pacto de la Familia Revolucionaria en un nuevo partido, y el abandono del viejo buque a manos de un candidato bueno, tan bueno, que fue incapaz de representar el antiguo pacto ni convencer a lo de fuera sobre su ingenua bondad. Quizá no se percató de que fue usado para el inicio del fin del PRI en lo que muchos sospechan que fue un pacto anticipado.

Morena, si se le analiza bien, logra reunir nuevamente a los hijos pródigos de la Familia Revolucionaria que por inconformidades diversas fueron abandonando al PRI, ya sea que emigraran al PRD o hasta incursionaran en el PAN en busca de una nueva oportunidad político-laboral, de poder o fortuna. A fin de cuentas, más allá de ideologías, la Familia Revolucionaria se ha guiado por un pragmatismo donde los intereses personales predominan. Esta lógica genera una gran sensibilidad de los chapulines que saben cuándo y a dónde brincar para asegurar su sobrevivencia. Fue así como Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el gran imán que atrajo a quienes, a su vez, movilizarían a sus grupos en apoyo del heredero del sistema.

Así es como hoy, en Morena, se reconstruye el pasado. ¿El nuevo líder imitará a Calles o a Cárdenas? ¿Se inspirará en Chávez o en Lula?

¿Cuál será el futuro de la oposición? Así como el PRI parece caminar con paso firme hacia su extinción el PRD tiene mejor augurio. El PAN, a su vez, también está en crisis y tendrá que reconstruirse. Logró algunos triunfos que le dan aire, pero tiene un virus priísta que circula por sus filas y que de no combatirse lo llevará al fracaso cuando, hoy por hoy, parecería ser el único, que sorteando los peligros y reivindicándose ante la sociedad, podría hacer que el país vuelva al futuro.

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