Tiempo de reconciliación

El domingo primero julio más de 24 millones de mexicanos, decidieron dar un viraje al modelo de gobierno qué durante las últimas tres décadas, definio el rumbo y las características del sistema económico y político de nuestro país.

A pesar de los augurios que desde el inicio de las campañas se cernían sobre el desenlace del proceso electoral, la jornada se desarrolló y concluyo en un clima de orden, serenidad, civilidad y madurez política.

La contundencia y uniformidad del resultado de las elecciones obliga a todos los actores sociales a realizar un profundo análisis de las causas que contribuyeron a su construcción.

La crisis antropológica por la que atraviesa la sociedad, así como el debilitamiento de los valores que tradicionalmente le dieron sustento y viabilidad, son sin duda los elementos que en primer lugar tendremos que abordar.

Tras un intenso proceso electoral, hoy es tiempo de reflexión, de reconciliación, de sanar y fortalecer la familia, la comunidad, atrás deben quedar la división, la descalificación, las culpas por las fallas en la estrategia del voto útil, por las diferencias doctrinales, pero sobre todo debemos eliminar los clamores de guerra, que se escuchan, y que podrían obrar en contra de nuestra causa.

Una casa divida no puede sobrevivir, por ello es que hoy es indispensable reconocer que la libertad, el respeto a la diferencia y la búsqueda de consensos, son los caminos para vencer la desigualdad, el egoísmo, para construir la casa común.

Es momento de pensar en la formación, en el establecimiento de criterios comunes que nos permitan ser eficientes, objetivos y congruentes en la defensa y promoción de los valores esenciales de nuestra fe, sin caer en fundamentalismos que lesionan y separan, nada se logra descalificando, satanizando, debemos esforzarnos por cultivar convicciones, particularmente en los jóvenes.

En el horizonte se presentan temas que requerirán de toda nuestra unidad y fortaleza, como la renovación de Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, un aspecto que es crucial para el futuro de la agenda humanista.

Las personas de buena voluntad estamos llamadas a colaborar de manera positiva con las autoridades electas, sin importar su cuño ideológico, es responsabilidad nuestra continuar participando en la búsqueda del bien posible, contribuir a que el país tome un rumbo positivo.

Acompañar y evaluar el desempeño de los futuros gobernantes y legisladores, vigilar el cumplimiento de sus propuestas de campaña, evitar que caigan en las tentaciones que provoca contar con una cómoda mayoría legislativa, como la que obtuvo el próximo Presidente de la República, pero sobre todo convertirnos en esa contraparte ciudadana corresponsable que exige y propone, una oposición que defiende y promueve de manera enfática, categórica, pero respetuosa las virtudes que consideramos fundamentales para el óptimo desarrollo de la sociedad.

Es necesario articular un nuevo discurso, una narrativa en positivo, que reúna y transmita con toda nitidez las preocupaciones y esperanzas de los creyentes que hoy se sienten vulnerables, en la orfandad, no se puede combatir algo con nada.

Ningún proyecto de nación es posible sin la participación de todos, solo unidos podremos hacer un México fuerte, reconciliado, justo y fraterno donde el respeto a la vida desde la concepción y hasta la muerte natural, la dignidad humana, el fortalecimiento de la familia, la libertad religiosa y la reivindicación de los más necesitados, puedan ser una realidad.

Involucrados y reconciliados, iluminemos la sociedad, con el evangelio de la vida, de la paz, la solidaridad y la corresponsabilidad.

@LAHernandezP

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El autor es director de VotoCatólico. www.votocatolico.mx

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