Equilibrio de poderes

Cuando salió este tema pensé que no tenía nada que decir. Resulta que sí puedo decir algo. Además, espero que con estas ideas los demás descubran que sí tienen que decir porque es un asunto que nos toca de cerca en todas las variadísimas circunstancias en las que nos movemos. Es un asunto importante.

Generalmente soy bastante reservada con mi entorno familiar, pero en este caso lo que pensaba que era sólo para nosotros puede ser parte del bien común.

Mi padre, abogado de la Libre de Derecho, siempre trabajó en la Compañía de Luz, era el Jefe del Departamento Legal. Adquirió una enorme experiencia por la gran variedad de asuntos que tenía que resolver. Desde entrevistas con los Presidentes de la República, hasta atender los accidentes de los transportistas de la Compañía.

Cuando sucedían estos últimos, le veíamos acudir a horas intempestivas para arreglar el desaguisado. Otras veces viajaba por el país porque tenía que desalojar a “paracaidistas” que acampaban en terrenos de la Compañía de Luz donde se colocaban los postes que sostenían el cableado.

Puede resultar curioso para los millenials pensar que se puede adquirir experiencia en un mismo lugar de trabajo, me consta que ahora poco tiempo de permanencia en un mismo trabajo está mucho mejor visto.

Entonces la Compañía la dirigían empresarios extranjeros: canadienses, belgas: la iniciativa privada. Había un auténtico equilibrio de poderes, los extranjeros eran muy cercanamente supervisados por el gobierno mexicano, tanto que cada Presidente de la República se aseguraba de que se cumplieran los convenios.

Los logros beneficiaban a México. Muchas veces cuando algunos fines de semana regresábamos de Cuernavaca, desde la antigua carretera veíamos las luces de la ciudad y, con  orgullo, mi padre pronosticaba que en un futuro cercano la luminosidad sería más potente.

La planta de Necaxa, contaba con unas casitas, alrededor de la presa, allí íbamos a pasar algunas vacaciones, pero no solamente podían disfrutar de ellas los directivos sino todo tipo de subalternos con sus familias.

Uno de los directivos extranjeros, cuando se jubiló, decidió quedarse a vivir en México. Él y su familia llegaron a ser muy cercanos amigos de nosotros. Vivían en una buena casa en las Lomas de Chapultepec, pero no recuerdo que tuvieran ranchos u otras propiedades.

Pasó el tiempo y un buen día se expropió la Compañía de Luz. El pueblo de México disfrutó la medida, ya todo era de México. Mi padre empezó a ver que para el mismo trabajo se empezaron a contratar a más empleados. Bien a bien no se sabía a qué se dedicaban. El gobierno era el dueño y ya no había ningún contrapeso.

Allí siguió mi padre hasta que se jubiló, pero sufría al ver el deterioro. Fue un auténtico patriota, ni en los peores momentos se le ocurrió sacar su dinero a bancos del extranjero.

Ya no fue testigo del quebradero de cabeza que llegó a ser la Compañía de Luz, hasta que se tuvo que tomar la decisión de suplirla.

¿Qué lección nos queda? Que la distribución de poderes es importantísima para tener una supervisión real: equilibrada y lograr que cada quién cumpla con sus deberes.

Cuando se centraliza el poder se propicia el autoritarismo y los intereses polarizados. Consecuencias desastrosas son el enriquecimiento desmedido de algunos, y el empobrecimiento de la institución por los asaltos de los mismos funcionarios.

Resulta entonces que el equilibrio de poderes es una manera de conseguir la ardua tarea de cumplir con las personales obligaciones, señalar límites previamente establecidos y, adelantarnos para poner cortapisas ante la posible tentación de ser injustos y aprovecharnos de los demás.

La aplicación del equilibrio de poderes debe estar en cualquier grupo. En la familia: el padre y la madre para evitar la unilateralidad; en las instituciones: el director con el grupo de asesores para evitar la miopía; en el gobierno: los tres poderes para evitar la tiranía.

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