La sociedad: otro ausente en el debate presidencial

La desconfianza en el electorado es parte de las costumbres de la clase política. Por eso evitan debatir con los grupos de la sociedad. Porque quieren gobernar sin contrapesos. Y por esa misma razón, es importante impulsar a los grupos intermedios de la sociedad civil y asegurar que sean escuchados.

Todos somos parte de la sociedad civil. Dentro de la misma, hay diversos grupos: desde la unidad básica que es la familia, hasta el Estado y todos sus organismos. Y además, están los grupos intermedios: gremios, asociaciones sociales, empresariales, profesionales, familiares, ONG’s y muchísimos más. Generalmente, cuando los políticos hablan de la sociedad civil, se refieren a estos grupos intermedios.

Recientemente, algún candidato habló de su desconfianza en la Sociedad Civil. No lo aclaró, pero es de suponerse que habló de estos grupos intermedios. Aunque podría haber hablado también de su desconfianza en los organismos del Estado y de las familias. Vaya usted a saber. Pero, sin decirlo, los demás candidatos también le han sacado la vuelta a debatir con la sociedad civil. Sin hablar de desconfianza, actúan como si los organismos intermedios no existieran. ¿Será que no quieren tener contrapesos? ¿Será que no quieren oír otras opiniones? Es de dudarse.

En mi opinión es importante que, en todas las candidaturas, a todos los niveles, se hagan debates públicos con esos organismos intermedios. Por ejemplo, si se trata de salud, debatir con organizaciones de profesionales; si se trata de educación, de organizaciones tan beneméritas como la Unión Nacional de Padres de Familia, o tan novedosas como Mexicanos Primero y, en otro nivel, con las asociaciones de padres a nivel de escuela, con profesores y empleadores. Al debatir la economía, no solo hablar con las Confederaciones y Cámaras sino también con las organizaciones voluntarias de empresarios y sus redes sin olvidar a sindicatos y asociaciones profesionales. Escuchar a los miles de asociaciones sociales y filantrópicas que muchas veces hacen las labores que los gobiernos abandonan. Sin prejuicios, sin preseleccionar a participantes “a modo”. Y hacer públicos esos debates.

¿Qué serían muchos debates? Por supuesto. Y así debe ser. El método bicentenario de los mítines políticos, donde el candidato nos endilga unas pieza de oratoria y no escucha a los votantes, está más que rebasado. Es imprescindible que los políticos escuchen en vez de hablar y que permitan que haya cuestionamiento de sus posturas políticas. Algo como lo que ocurre en las redes sociales, pero con mayor organización y método. La posibilidad de opinar y de cuestionar. En pocas palabras: Debates, auténticos debates, no monólogos, torneos de lodo y de acusaciones mutuas.

Es imprescindible tratarnos al electorado como adultos que somos. No adoctrinarnos, no sujetarnos a los múltiples trucos de la demagogia y de la propaganda política. Escucharnos y decirnos cómo cumplirán nuestro mandato. Nada más, pero nada menos.

@mazapereda

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