¿Qué clase de presidencia queremos?

Todos discutiremos quien debe ser el Presidente de la República. Pero, en mi opinión, es tan importante debatir quién debe ser el presidente como qué clase de presidencia queremos. Y una vez debatido esto ver qué candidato se acerca más a esa idea de lo que debe ser el puesto que estamos a punto de confiarle.

Para algunos, no hay nada que debatir. La Constitución lo define y no hay nada más que hablar, según ellos. Como si la Constitución fuera sagrada. Cómo si no tuviera centenares de enmiendas, por no decir que tiene temas en los ya no responde a las realidades del siglo XXI. Sí, hay que cuestionar y debatir el papel de la presidencia y si eso significa cambiar algo en la Constitución, pues que así sea.

¿Cómo queremos al Presidente? ¿Lo queremos autoritario, omnipotente, “sobrado”? ¿O lo queremos acotado, buscando y aceptando apoyo, humilde, compartiendo el poder?

¿Queremos una presidencia con todos los poderes, con un Congreso que le acepte todo, que pueda tomar el papel del poder judicial y meter a la cárcel a quién le parezca que se lo merezca? ¿Qué pueda echar atrás leyes y reglamentos a voluntad? ¿Un presidente que ya tiene todas las respuestas y que no necesita consultar ni poner a debate sus ideas? ¿Uno que dominará todo y que haga que nada ocurra en su Gobierno si él no lo aprueba? ¿Que nadie se atreva a hacer algo que él no acepte?

O preferimos una presidencia que no es omnipotente, que tiene que someterse al Congreso y a la Suprema Corte, a los que tiene que convencer con argumentos, no imponiendo el poder de su investidura.

La neta… me temo que seguimos en un infantilismo político que nos hace pedir una especie de Superman que nos guíe y dirija. Y no tenemos la culpa. Así nos han educado. La escuela, los medios, la clase política. Para ellos, el ciudadano debe callar y obedecer. No debatir, no cuestionar. Para ellos, nuestro papel es votar del modo que nos diga su mercadotecnia y pagar puntualmente nuestros impuestos. Nada más.

Estoy seguro de que, si hoy hiciéramos una encuesta, la mayoría absoluta preferiría un presidente fuerte, una presidencia imperial. Razón de más para cuestionar y debatir el tema. No es un tema menor. Y no es fácil tampoco decir cual candidato se acerca más al modelo de una presidencia acotada o de una presidencia autoritaria. Todos los candidatos usan y han usado una máscara de fortaleza, siguiendo la idea de que eso quiere la ciudadanía.

Lo cual nos lleva a redefinir que tipo de fortaleza necesitamos de nuestros gobernantes. En mi opinión, necesitamos una fortaleza que venga de sus convicciones. Una que se refleje en su constancia. Una fortaleza moral. Una que se refleje en una confianza en sí mismo tal que le permita aceptar sus errores sin temor y aceptar sugerencias y correcciones. Y con esas bases debatir y decidir qué candidato se acerca más a nuestra idea de lo que debe ser la presidencia.

@mazapereda

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.