2018: Una oportunidad para construir un país que sea casa de todos

Bajo la figura de una campaña interna, los precandidatos presidenciales, iniciaron durante las últimas semanas del 2017 un periplo electoral, que les permitirá no solo recorrer el país entero, sino también difundir miles de spots en radio y televisión, con el propósito de darse a conocer entre la sociedad.

Aun cuando inicialmente esta modalidad estaba prevista para que los partidos políticos y sus simpatizantes pudieran elegir bajo un mecanismo de selección interna, a la persona que los representaría en los comicios del 01 de julio, hoy en día prácticamente tres de los candidatos que finalmente disputarán la Presidencia de la República, realizan una suerte de expedición primaria, que les permitirá entre otras cosas: definir y medir sus ventajas competitivas personales, posicionarse entre el electorado, identificar debilidades, corregir estrategias, y perfilar sus proyectos de gobierno.

A lo largo de este tiempo hemos sido testigos de múltiples posicionamientos personales, manifestaciones de convicciones, principios, valores, llamados a la unidad, la reconciliación, de uno y otro partido, días en los que conocimos la configuración de alianzas que parecerían imposibles, y que complicarán aún más la ya de por sí difícil tarea de decidir.

Las diferencias ideológicas parecen haber desaparecido, al menos en este primer capítulo de la lucha por el poder.

Familia, valores, fe, religión son algunos conceptos que han aparecido para sorpresa de muchos en el discurso de los tres aspirantes.

Como personas de buena voluntad y ciudadanos católicos, tenemos la obligación de formar y promover de la mano de nuestros Obispos, los criterios que nos permitan identificar y elegir la plataforma política, el candidato que más aporte al bien común y al respeto a los derechos humanos.

No debemos perder de vista que las elecciones de 2018, constituyen una gran oportunidad para transformar nuestra cultura política e iniciar la construcción de una sociedad más justa y equitativa, un país que sea patria y casa para todos.

La política es una de las formas más altas de la caridad por que busca el bien común e implica afrontar retos de gran magnitud, por ello debemos involucrarnos a conciencia en este proceso electoral, participar, haciendo lo mejor que éste a nuestro alcance orientados en los Principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Ejerciendo un voto razonado fundado en los principios no negociables de los creyentes: Defensa de la vida, respeto de la dignidad de la persona, fortalecimiento de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus principios y convicciones y libertad religiosa.

No elijamos de acuerdo a la apariencia, personalidad, o fuerza mediática de algún candidato. No nos guiemos por simpatías o antipatías, por ideas populistas.

Para decidir tenemos que llegar a la convicción moral de que la persona, el proyecto político que elegimos aportara realmente al bienestar de México, a la construcción de la casa común.

2018 es una nueva oportunidad para mirar hacia adelante con fe y esperanza, para trabajar con tenacidad, optimismo y confianza en la transformación de nuestra cultura.

@LAHernandezP

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El autor es director de VotoCatólico. www.votocatolico.mx

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