“Democratización”: la política entra en la familia

Para conocer la propuesta de la próxima Secretaria de Gobierno sobre un cambio cultural en el centro de la familia, debemos tener claro que la familia, además de ser un espacio relacional que da lugar a interacciones de naturaleza íntima, debe considerarse que está formada por personas y que éstas tienen una estructura familiar que llevan consigo; la primera estructura fundamental a favor de la ecología humana es la familia.

Partamos de un punto esencial. Sabemos todos el significado de “democracia” y sabemos que este término consiste en un sistema político-social basado en la participación de todos los miembros de una sociedad en la orientación y funcionamiento de ésta y que está relacionado con movimientos populares y con el pensamiento comunista fundamentado por Russeau, entonces estamos seguros de que ¿ayudará a nuestra familia?

A partir del año 2000 se creó un centro de documentación especializado en “democracia familiar con perspectiva de género” para dotar de información y publicaciones que penetren en el ámbito familiar para un cambio en la conformación de la familia.

Veamos brevemente de qué se trata. Se trata de que todos y cada uno de los miembros de la familia posean los mismos derechos, de allí la introducción de la perspectiva de género. Se trata de omitir la diferencia entre varón y mujer ya que la democracia implica la igualdad. Se hace referencia a considerar el pacto social entre los géneros, que incluye tanto la entrada y permanencia de las mujeres en el espacio laboral, como la presencia o ausencia de los varones en el ámbito doméstico familiar.

Las políticas públicas deberían tomar debida nota de la trascendencia de los roles que se juegan en la familia y actuar en consecuencia, ya que son limitados los esfuerzos para montar políticas orgánicas de protección y fortalecimiento de la unidad familiar como tal, agobiada por el avance de la pobreza y la inequidad.

Sería necesario que, en lugar de que la política entre dentro de las interacciones familiares, se diera apoyo concreto a la constitución de familias en sectores desfavorecidos, proteger cada una de las etapas de la maternidad, respaldar las sobre-exigencias que se presentan a las familias con problemas económicos en los trances fundamentales de su existencia, darles apoyo para erradicar el trabajo infantil, extender las oportunidades de desarrollo cultural y recreación familiar. Todo ello exige políticas explícitas, contar con instrumentos organizacionales para su ejecución, asignación de recursos, alianza con el sector público, entre otros.

La expresión vida familiar se refiere a la intimidad de la relación. Esto supone la intimidad entre dos personas, sin embargo, en algunas propuestas se alude a la “salud sexual y reproductiva”, término no definido claramente por la sociedad pero que es referido al aborto como derecho de la mujer. Esto ha sido objeto de reserva por numerosas delegaciones de los países en conferencias internacionales y hasta la fecha no existe consenso al respecto.

Penetrando en el contenido de la llamada democratización familiar se intenta dar algunas respuestas a preguntas que dejan fuera muchos aspectos familiares que pueden resultar en mejor adaptación social. Por ejemplo, la doble presencia de la mujer y sus derivadas dificultades materiales que impiden una conciliación. Por lo general, la reclamación se hace sobre los servicios socio-sanitarios más habituales en el actual estado de bienestar, pero se desconocen las posibilidades de los servicios de atención a la vida diaria que se dan por ejemplo en países europeos en donde sí toman en cuenta la vida familiar, así como la conciliación con el trabajo tanto del padre como de la madre.

Entre otros, la democratización menciona un concepto de la vida familiar que se refiere a la “autoridad familiar”. Si tomamos en cuenta este concepto dentro de la educación, la palabra autoridad se define según su etimología: deriva de: --augeo—que significa aumentar, incrementar, promover, hacer crecer. Lat. auctoritas designaba la fuerza que servía para sostener y acrecentar algo.  Esto es distinto al concepto que ahora se maneja de la autoridad en la política ya que ¿hay afán de servir o de dominar en quien manda?  Si entendemos incremento o promoción en sentido positivo, sólo habrá verdadera autoridad cuando se ejerce con disposición de servir.

Las políticas públicas que consideran la democratización deberían incidir en el verdadero significado de la palabra autoridad entre las posibilidades de la familia y la realización de los seres libres que la integran especialmente en los padres a quienes, como primeros responsables, corresponde su dirección.

Siguiendo el contenido de democratización, se habla también de estereotipos de género, sin embargo, la necesaria armonía familiar aún no ha sido estudiada ampliamente, aunque fuese el principal reto de varones y mujeres, así como la relación entre ambos, en el que se juegan la felicidad personal y su mayor o menor rendimiento personal. Habría que conocer en todo caso, de dónde proviene el concepto de estereotipo y su contenido, o si se refiere sólo a una ideología.   

Las propuestas de democratización familiar son dirigidas a beneficiarios particulares y no a las familias como tales. A consecuencia, no contemplan el impacto que tiene su intervención en los grupos familiares ya que el diálogo y la negociación, o mejor dicho la comunicación, deberían partir del núcleo familiar.

El “cambio democrático de la dinámica familiar tiene su sustrato único en las relaciones de poder” es mencionado en uno de los enunciados de la democratización, pero esto no es necesariamente así. Es el tránsito de los ciclos de vida y las etapas familiares lo que puede convertirse en fuente de tensiones, ya que las relaciones de familia son originalmente relaciones de amor.

También se habla de desigualdades entre varón y mujer. Pero en la problemática social se advierte que el origen de muchos malestares se encuentra al no respetarse la sutil diferencia que existe constitutivamente entre varones y mujeres, la cual no rompe la igualdad fundamental que hay entre ellos. Socialmente la igualdad se rompe muchas veces y la diferencia no es respetada, es allí el comienzo muchas veces del desmembramiento del tejido familiar y social.

La llamada equidad genérica que tanto se menciona debe verse como la superación de varios obstáculos:

  • La desigualdad (poder) y consecuentemente de remuneración, estatus, oportunidades y representación.
  • La injusticia, en referencia a las peculiaridades inherentes a la diferencia sexual y por lo que se refiere a la capacidad de la mujer de engendrar, a la consideración del embarazo y de las funciones de reproducción como hecho social básico y de primer orden.
  • La uniformidad que sólo se planteará cuando hayamos sorteado los primeros y que supone la libre elección de la tarea social y de orientación laboral.
  • La interpretación de una visión más igualitaria de los géneros deberá ser entendida no como un trabajo que masculiniza a las mujeres, sino como la vivencia de que no sólo son los hombres quienes tienen derecho a trabajar, (significado: trabajo remunerado).

Las acciones sociales primero deberán entender que no es que esté claro que haya trabajos específicos de varones o de mujeres, lo específico no viene dado tanto por la tarea o por el puesto, cuanto por el modo de realizar la función, por los matices que la condición de mujer (o varón) encontrará para la solución de los problemas con los que se enfrente.

En todo caso no se trata de la distribución de tareas exclusivas reservadas a varones o a mujeres. Tanto la familia como la cultura, es decir, el dominio del mundo a través del trabajo, habrá de hacerse entre los dos. De esto se deduce que debería haber políticas acertadas de conciliación.

No debe olvidarse que la sociedad es una sociedad de personas y es necesario saber que la estructura familiar es intrínseca a la persona misma, que su individualidad está abierta a los demás. A pesar de que se hace énfasis en la igualdad, debe tomarse en cuenta que la sociedad de personas está formada por varones y mujeres y que a la vez que iguales en dignidad son diferentes y ambos tienen un modo conjunto o complementario de hacer su aportación al bien común.

Aristóteles decía que la persona, en su irrepetibilidad, lleva grabada la dimensión social. Si es cierto esto, entonces el “yo” cobra sentido en relación con el “tú”, el que esa apertura amorosa tenga una estructura familiar está aún por ser descubierta, sin embargo, de allí pueden salir fructíferas implicaciones para el desarrollo social, hace posible que en las relaciones interpersonales haya personas capaces de compartir y si esto atiende a la necesidad de la construcción del mundo, por tanto, no puede ser considerado como un “espacio relativo” en los procesos ni sociales ni políticos como es mencionado en la teoría de democracia familiar.

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