Amnesia de la sociedad: 19 de septiembre

Ayer hizo un mes del sismo del 19 de septiembre pasado y poco más del sismo del 7 del mismo mes. Parece que fue ayer, pero también parece que fue hace mucho. A algunos, la realidad nos hace imposible olvidarlos. Vemos cerca de nuestros hogares los edificios derrumbados, los hogares donde no se puede entrar sin riesgo de la vida, las personas durmiendo en tiendas de campaña en los camellones. La realidad no nos deja olvidar.

Pero, si solo tuviéramos la información de los medios, parecería que el tema ya no está en la primera fila de nuestra atención. Que si Margarita Zavala renuncia al PAN, que si Trump “tuiteo” o Trudeau declamó, que si hay tal o cual accidente. U otros asuntos más frívolos, como el del senador que interrumpió una ceremonia para irse en helicóptero a jugar al golf. O más serios, como la resistencia de los partidos políticos a dar el dinero de sus prerrogativas electorales del año próximo, para ayudar a los miles de damnificados.

El día 19 de octubre, algunos artículos conmemorativos y luego… de nuevo el olvido. En nuestra sociedad predomina un síndrome colectivo de déficit de atención. Posiblemente hemos sido educados por los medios para que solo pongamos atención por lapsos cortos de tiempo, a prestar atención sólo a lo sensacional, a lo estridente, a lo tremendista. Y eso es lo que pedimos y lo que premiamos con nuestro “rating”.

Pero la terca realidad sigue ahí. Se sigue necesitando dinero, apoyo, trabajo, techo y alimento para muchos miles. Lo que ha pasado no es algo menor. Serán años de apoyo los que se necesitarán para volver a la normalidad. No alcanzarán nuestros impuestos, aún si fueran escrupulosamente administrados. No bastan los donativos del primer momento de solidaridad. Ni siquiera tenemos un número final de damnificados, pero seguramente será mucho más que los 300,000 que se estimaron después del sismo y ciclones de la primera semana de septiembre. Posiblemente estemos en el orden del medio millón de personas, el tamaño de una ciudad mediana como Toluca o Durango.

Ya no basta con el estupendo apoyo de los primeros días. Hay que pensar en apoyos de largo plazo. El apoyo humanitario de las primeras horas no será suficiente. Habrá que crear empleos, nuevas capacidades, nuevos negocios. Los damnificados no necesitan sólo dinero, necesitan recuperar la dignidad de sentirse autosuficientes, productivos, de no sentir que solo son objeto de lástima. Las comunidades necesitan sus templos, sus centros culturales, sus lugares de esparcimiento. Los damnificados necesitan volver a sentir que ellos son importantes en su comunidad y que su comunidad vuelve a ser valiosa.

Y esto va a costar. En apoyos, en impuestos, en donativos altruistas. No es posible pensar que esto no nos dolerá a todos, a unos cuantos, en sus vidas, a muchos otros en nuestros bolsillos. Y serán varios años. Por supuesto, todo eso se regresará de muchos modos. El más importante: en un sentido más profundo de nuestro papel en la sociedad, en el aprecio entre conciudadanos, en el orgullo que sentimos en esos días terribles en que vimos de lo que somos capaces los mexicanos.

@mazapereda

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